¿Cómo participa el padre en la lactancia? Mucho más que “ayudar a mamá”
Cuando hablamos de lactancia materna, es frecuente escuchar que el padre puede “ayudar” a la madre: preparar la comida, ordenar la casa, cambiar al bebé, encargarse de otros hijos o levantarse por la noche.
Porque el padre no está simplemente para ayudar a una mujer que amamanta. El padre también forma parte de esta nueva familia, construye su propia relación con su bebé y puede tener un papel activo en la protección y continuidad de la lactancia.
La evidencia científica de los últimos años nos permite entender cada vez mejor esta participación.
El padre no amamanta, pero sí participa en la lactancia
La lactancia es una experiencia en la que participan directamente la madre y el bebé, pero ocurre dentro de un sistema familiar y social.
Y ese entorno importa. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 analizó ocho estudios de intervención con un total de 2.531 participantes. Las intervenciones incluían educación sobre lactancia para los padres, asesoramiento, materiales educativos, apoyo telefónico o digital, formación en técnicas de lactancia y orientación sobre cuidados maternos y del recién nacido.
Los autores encontraron que las intervenciones dirigidas a aumentar el apoyo paterno se asociaron con una mayor frecuencia de lactancia materna exclusiva. En el conjunto de los estudios, la probabilidad de lactancia materna exclusiva fue un 24 % mayor en los grupos que recibieron intervenciones de apoyo paterno.
Y hay evidencia todavía más reciente.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en marzo de 2026 incluyó seis estudios y 716 participantes. Encontró que las intervenciones de apoyo paterno se asociaron con un aumento de la probabilidad de inicio temprano de la lactancia y con una mayor probabilidad de éxito global de la lactancia. A los cuatro meses, la probabilidad de lactancia materna exclusiva fue 2,67 veces mayor en el grupo que recibió intervención sobre el apoyo paterno. Sin embargo, a los seis meses el resultado no alcanzó significación estadística, y los autores señalan una importante heterogeneidad entre los estudios.
Esto es importante porque nos obliga a ser rigurosos: no podemos afirmar que cualquier forma de participación del padre garantice una lactancia más prolongada.
Pero sí podemos decir que la evidencia disponible apunta a que incluir al padre y fortalecer su participación puede contribuir favorablemente a determinados resultados de lactancia.
Entonces, ¿qué significa participar?
No significa convertirse en un experto que vigila cuánto mama el bebé, tampoco significa decidir por la madre qué debería hacer y mucho menos significa que el padre tenga que “ayudar” a la madre con tareas que son responsabilidad de ambos.
Participar significa estar informado, implicarse, cuidar, observar, acompañar y asumir responsabilidades reales dentro de la familia.
La investigación sobre intervenciones dirigidas a padres muestra precisamente que la educación y el apoyo paterno pueden formar parte de las estrategias para favorecer la lactancia.

El padre también tiene una biología del vínculo
Y aquí aparece una parte especialmente interesante de la investigación: la oxitocina.
La oxitocina es una hormona fundamental en la lactancia materna. Durante la succión, la estimulación del pezón provoca liberación de oxitocina en la madre, lo que favorece la eyección de la leche.
Una revisión sistemática que analizó 29 estudios y 601 mujeres encontró que la lactancia provoca una liberación inmediata y breve de oxitocina. Durante las primeras etapas del posparto, esta liberación ocurre de manera pulsátil y cambia a medida que avanza la lactancia. La revisión también encontró asociaciones entre la oxitocina y diferentes respuestas fisiológicas y psicológicas relacionadas con la lactancia.
Pero la oxitocina no es exclusivamente una “hormona de la lactancia”. También participa en procesos relacionados con el vínculo y el comportamiento parental. Y los padres también producen oxitocina.
Una revisión sistemática específica sobre oxitocina paterna en humanos analizó 24 estudios. Los autores encontraron que los niveles de oxitocina paterna parecen aumentar después del nacimiento y que, en determinados estudios, se han relacionado con aspectos de la interacción y el comportamiento paterno.
Al mismo tiempo, los investigadores hacen una advertencia importante: los estudios utilizan métodos muy diferentes para medir la oxitocina y existen limitaciones importantes en la medición de oxitocina periférica. Por eso, aunque la investigación es prometedora, todavía no podemos simplificar su función en una única explicación del comportamiento paterno.
Tocar, mirar, sostener: el padre también construye vínculo con su bebé
Una revisión sistemática sobre oxitocina y las primeras interacciones entre padres y bebés incluyó 17 estudios. Los trabajos revisados estudiaron diferentes formas de interacción, entre ellas el juego y el contacto piel con piel.
La revisión encontró asociaciones entre el contacto padre-bebé y los niveles de oxitocina. En particular, niveles más elevados de oxitocina paterna se relacionaron con determinadas conductas de contacto y estimulación durante la interacción con el bebé. Además, algunos estudios observaron aumentos de oxitocina durante el contacto piel con piel en bebés, madres y padres.
Esto nos permite mirar el papel del padre desde otro lugar.
El contacto físico también está relacionado con la oxitocina paterna
Un estudio realizado con 45 padres y sus bebés de seis meses analizó de manera muy detallada las conductas de contacto físico durante el juego y posteriormente midió la oxitocina paterna.
Los investigadores encontraron que los padres que realizaban más contacto físico, especialmente determinados tipos de contacto propioceptivo durante el juego, presentaban niveles más altos de oxitocina. Los padres que prácticamente no utilizaban contacto físico presentaban niveles más bajos en las mediciones realizadas.

Los propios autores, sin embargo, señalan que los resultados dependen del método utilizado para medir la oxitocina y que no todas las asociaciones fueron iguales con los diferentes métodos de análisis.
Por eso podemos decir “el contacto físico forma parte de la experiencia neurobiológica del vínculo paterno”. Pero no necesitamos convertir la oxitocina en una explicación mágica, el vínculo se construye a través de muchas experiencias repetidas de cuidado y contacto.
Incluso el primer abrazo tiene una respuesta fisiológica. otro estudio longitudinal siguió a 211 padres y analizó su respuesta hormonal cuando sostuvieron por primera vez a sus bebés el día del nacimiento.
En los padres primerizos, la oxitocina fue mayor después de sostener al recién nacido que antes de hacerlo. Los investigadores también estudiaron si esa respuesta hormonal se relacionaba posteriormente con la implicación del padre y el vínculo padre-bebé.
Un dato especialmente importante: en este estudio, el aumento de oxitocina no fue diferente entre quienes sostuvieron al bebé piel con piel y quienes lo hicieron de la manera estándar; es decir, no podemos afirmar que el piel con piel produzca necesariamente una mayor respuesta de oxitocina paterna que cualquier otra forma de sostener al bebé.
Un estudio realizado con familias de bebés prematuros analizó las respuestas hormonales y de estrés durante el contacto piel con piel materno y paterno. Tanto las madres como los padres presentaron un aumento significativo de oxitocina durante el contacto piel con piel respecto a sus niveles basales; además, tanto los niveles de cortisol como los niveles de ansiedad disminuyeron durante el contacto.
Es importante aclarar que este estudio se realizó en bebés prematuros, por lo que sus resultados no deben extrapolarse automáticamente a todas las familias. Pero sí aporta una pieza interesante: el contacto piel con piel también puede ser una experiencia fisiológicamente significativa para el padre.
El padre también puede proteger el espacio que necesita la lactancia
Hay otra forma de participar que quizá sea menos visible.
Una madre que está amamantando puede pasar muchas horas alimentando, sosteniendo y atendiendo a su bebé. Así el padre puede asumir una parte importante del resto de la vida familiar, no porque “ayude a mamá”, sino porque la familia es responsabilidad de los dos.
La investigación disponible muestra que las intervenciones que incorporan a los padres pueden mejorar determinados resultados de lactancia. Por eso, informar y formar también al padre no debería considerarse algo secundario.
Y hay algo más: el padre también necesita encontrar su lugar
A veces pensamos tanto en cómo puede el padre ayudar a la madre que olvidamos que él también está atravesando una transición. Está convirtiéndose en padre, conociendo a su bebé, a interpretar sus señales, construyendo una relación que no necesita parecerse a la relación que el bebé tiene con su madre.
No necesita competir con la lactancia, o “hacer algo equivalente” a amamantar como dar un biberón para vincularse. Tiene su propio lugar y ese lugar se construye cuidando.
Participar no significa sustituir a la madre, la participación paterna tampoco debería convertirse en una nueva forma de vigilancia sobre la lactancia, no necesita controlar cuánto mama el bebé, cuánto pesa, cuánto tiempo dura cada toma o si la madre está haciendo las cosas “bien”. Su papel puede ser mucho más valioso: estar informado para acompañar, no para controlar.
Carolina Gómez Jaramillo
Nutricionista Dietista
Consultora Internacional en lactancia materna, IBCLC.
Doula
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